domingo, 15 de junio de 2008

EL AZUL SEGRELLES EN EXPO ZARAGOZA

Por: J. J. SOLER NAVARRO.
José Segrelles, el Pintor Azul। Albaida 1885-1969. Con esta referencia cromática se enfatiza en el Pintor Español e Ilustrador Universal José Segrelles, su predilección por el Azul. Técnicamente entre el azul phthalocianina, azul ftalo y azul cobalto. El color que utilizaríamos para iluminar la intensidad y luminosidad de una nítida noche de verano en su plenitud, entre la media noche y la madrugada.
Para saber el origen del Azul Segrelles en su paleta, hemos de remontarnos a su residencia en Nueva York, a su llegada a finales del año 1929, cuando firma los contratos con las factorías de automóviles, Ford, Lincoln y Packard para diseñar sus carteles y presentaciones comerciales. Es precisamente la Casa Packard, la que en honor y consideración a tan magnífico arte y artista, decide darle nombre a una de los colores con que acabarían uno de sus modelos, siendo este, EL AZUL SEGRELLES.
Anuncios en los que el artista español, comparaba a la vez que sugería, el concepto de lujo entre una fantasiosa Alfombra Mágica y el automóvil de Packard, empleando la misma gama cromática para la fantasía oriental y el sentido aerodinámico de un automóvil moderno. Según el dibujante Alfons Figueras, a partir de ahí, Segrelles «marcó un estilo en los pulps yanquis con un colorido mediterráneo riquísimo, hasta el extremo de que también se pusieron de moda unas corbatas llamadas azul Segrelles».
Más tarde con motivo de la primera publicación de D. Quijote de la Mancha a cargo de la Editorial Espasa Calpe en el año 1966, volvieron a abundar los titulares referentes al “Qujote Azul” redundando en la presencia de este color en el centenar de ilustraciones realizadas por Segrelles en un trabajo que significó el vértice de toda su carrera artística.
Desde entonces se ha escrito y deliberado mucho con mayor o menor fortuna sobre el Azul de Segrelles,. Además del José Segrelles ilustrador y cartelista, encontramos dos obras pertenecientes a su Etapa Religiosa (1936-1969) en las que Segrelles hace alarde de su maestría, con la acuarela en el caso de La Oración en el Huerto y con el óleo en el caso de Los Siete Dones del Espíritu Santo que, puede contemplarse en la Capilla del Baptisterio de La Iglesia Arciprestal de Ntra. Sra. De la Asunción de Albaida y que de manera extraordinaria permanecerá expuesta en Expo Zaragoza 2008 del 14 de junio al 14 de septiembre, bajo la supervisión del Párroco Sacerdote de Albaida Juanjo López.
Los Siete Dones del Espíritu Santo de José Segrelles data del año 1960 constatado por el Sacerdote de Albaida que se lo encargó, D. José Almiñana Vallés, aunque en el dietario de Segrelles está inscrito como que lo entrega el 12 de mayo de 1962. Otra referencia que lo sitúa en el año 1960, la encontramos en la editorial del folleto del año 1960 “La gran obra del Altar Mayor, felizmente terminada” publicado con motivo de la finalización del Altar Mayor y en conmemoración de las Bodas de Diamante de la Adoración Nocturna Albaidense, D. José Almiñana, manifiesta, “Gracias y mil gracias a cuantos han colaborado en esta obra, que puede llamarse la obra de Albaida,-refiriéndose al Altar Mayor que hizo Segrelles entre los años 1947 y 1950 encargado por D. Juan Comes-. Gracias de un modo especial al muy querido José Segrelles por su regalo de ese magnífico lienzo del Baptisterio y por sus últimos retoques de los diez cuadros del Retablo. Que todo sea para gloria de Dios, honor de nuestra madre y patrona la Santísima Virgen del Remedio y grandeza de Albaida”.
Los Siete Dones del Espíritu Santo, representado por un Palomo sobre los Siete Mares, marcaba la transición entre el encargo del Altar Mayor por parte de D. Juan Comes mediante contrato fechado el 13 de junio de 1947 y el encargo de D. José Albiñana, de los catorce Lienzos-Lunetos 1962-1967 que se instalaron sobre los arcos de las capillas laterales de la nave Central de la misma Iglesia Arciprestal de Albaida y que recogen los momentos más relevantes histórico-religiosos acontecidos en la ciudad de Albaida, destacando los motivos referidos a la Virgen del Remedio, y el paso o estancia en Albaida de místicos como San Luís Beltrán, San Vicente Ferrer, Santo Tomás, o el Beato Casimiro Barelo.
D. Juan Comes, Doménech (En Albaida 1943-48) sólo llegó a ver en su sitió, en los pies del Altar, los espléndidos San Pedro y San Pablo que le entregaría Segrelles el siete de septiembre de 1947, antes de ser relevado por D. José Plá Ferris (En Albaida 1948-56) que recibiría el resto de obras pictóricas para el Altar junto con D. Antonio Boit Genovés (En Albaida 1956-57) y que se concluiría en septiembre de 1960 siendo el entonces sacerdote, D. José Almiñana Vallés (En Albaida 1958-1967).

En la Parroquia Arciprestal de Ntra Sra. de la Asunción de Albaida hubo un retablo de estilo barroco construido en el siglo XVII obra del setabense Pere Foix, autor también del Lecho Imperial de Ntra. Sra. De la Asunción. Tallado el Altar en madera y acabado en el 1645, se doró en el año 1666 por el valenciano Luís Campos A causa de un incendio los primeros meses del año 1936 el retablo quedó destruido a excepción de algunas columnas y trozos pequeños que se salvaron. Tras estos hechos y después de la Guerra Civil se inició la construcción del nuevo retablo con los donativos de los Albaidenses. Altar Mayor dedicado a la vida de Jesucristo de medidas aproximadas de 15 metros de altura por 8’5 metros de ancho. También de estilo barroco, con poco volumen saliente y plano en el reverso. La estructura de este retablo se organiza en la parte inferior por un banco realizado en mármol y tres lienzos. Sobre él, se alzan dos cuerpos de tres calles y el ático, con siete lienzos más (tres en cada cuerpo y uno en el ático). Inicialmente fue realizado en madera y años mas tarde sería dorado en oro fino y policromado, terminándose en el año 1960. Los diez lienzos fueron intervenidos entre 2006 y 2007 por el restaurador Stefano Sassu Tormo.
Al contemplar la obra de Segrelles, nos viene a la memoria la lectura de la Bíblia (1 Cor 12,4) “Hay diversidad de dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo... A cada cual se le da la manifestación del Espíritu para el bien común...”
Los Siete Dones del Espíritu Santo, “La sabiduría, Entendimiento, Ciencia, Consejo, Piedad, Fortaleza y Temor a Dios”. Deben leerse en la obra de Segrelles, de acuerdo con al lectura occidental, de izquierda a derecha.
Los Siete Dones del Espíritu Santo, llegaron en Pentecostés. Jerusalén se volvió un zaperoco delicioso. La gente estaba feliz; los Apóstoles con la Virgen María a la cabeza estaban que no cabían de satisfacción, eufóricos, como en una nube. Claro que primero tuvieron un susto, con una especie de mini huracán que sacudió la casa en la que estaban escondidos por puro miedo; por si fuera poco, apareció candela pura sobre la cabeza de cada uno; pero nada de quemarse, al contrario, les entró por el alma adentro una alegría, una fuerza y unas ganas de predicar, enseñar y convencer a las gentes, de que Jesucristo era de verdad el Hijo de Dios y que había resucitado y que de ese momento en adelante aunque los molieran a palos o los volvieran picadillo, ellos, los Apóstoles y todos los que los acompañaban, jamás dejarían de "dar testimonio" del Señor y de su Evangelio. El gentío que andaba por esas fiestas en la gran Jerusalén, estaban admirados, confundidos y super-extrañados de ver y oír a aquella cuerda de locos, con aquel fuego en sus palabras y tamaña fuerza de convicción. pero sin poder dejar de oírlos y aplaudirlos.
Cada quien hablaba su propio idioma y se entendía con los suyos; pero cuando hablaba San Pedro y los otros, entonces los entendían cada uno en su propia lengua. Por supuesto que el viento y el fuego y todo lo demás que ocurrió en aquella ocasión no era ni más ni menos que la presencia viva, activa y contundente del Espíritu Santo, el mismo que Jesús les había prometido en tantas ocasiones. El que les iba a enseñar muchas más cosas y se las iba a hacer entender, el Consolador, el Defensor, el Alma de la Iglesia que nacía en esos momentos, en ese día, en ese Pentecostés. Entre los innumerables e invalorables regalos que nos trajo el Espíritu Santo se cuentan sus famosos Dones. Sus siete Dones son tan especiales que merecen recordarlos y pedirlos con toda la devoción de que seamos capaces. Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, explica de maravilla estos siete dones, ayudándonos a sentir el Sacramento del Bautismos que en Albaida está presidido por este extraordinario toque divino de la mano de José Segrelles.