domingo, 10 de mayo de 2009

(2) Las Mil y una noches de Segrelles (BCN 1956)
























































LAS MIL Y UNA NOCHES DE JOSÉ SEGRELLES
Por JOSÉ FRANCÉS.
De La Academia de Bellas Artes de San Fernando.


No hace muchos años todavía significaba, para el aficionado a los bellos libros y a las grandes publicaciones editoriales, una melancólica tristeza cotejar las obras extranjeras de ese género con la pobre y reducida producción española. Francia, Alemania, Inglaterra y, en cierto modo, los Estados Unidos de América añadían a los catálogos de bibliografía especializada en ediciones de carácter artístico espléndidamente ilustradas, verdaderas joyas no sólo en cuanto a texto y originales gráficos, sino en el lujo de la presentación, ornato y esmero de las encuadernaciones, perfección suprema de los grabados...
Las Sociedades de Bibliófilos, las Agrupaciones de Coleccionistas del Libro de Arte y de las Ediciones restringidas, se multiplicaban. Incluso el número de tiraje de esas ediciones aumentaba también porque la demanda no se limitaba ya a clientes fijos, a los aficionados conocidos de los editoresespecialistas, sino que alcanzaba ya al gran público.
Mientras tanto, el español que siente amor por esta clase de obras veía que aquí no existía la legítima coincidencia. El mercado de la librería nacional, invadido por un lado del aluvión bolchevique, de las traducciones de obras rusas y alemanas de propaganda más o menos encubierta del comunismo, recibía por el otro la más pura, la infinitamente más noble y estética ejemplaridad de los libros bellos donde las obras culminantes de la literatura universal o las de escritores contemporáneos de cada país encontraban magnífico atractivo artístico en las ilustraciones de los dibujantes alemanes, franceses, ingleses o americanos.
Y era lógico sentir melancolía, como español, al no encontrar sino un reducido número de tentativas -no logradas del todo- hispánicas frente a la nutrida realidad foránea.
Porque, precisamente, España posee una pléyade de artistas capacitados para crear estampas e ilustraciones en cantidad y calidad equivalente -y acaso superable- a las extranjeras. Y porque, también, existen en nuestro país casas editoriales de positiva solvencia literaria y económica para acometerla empresa múltiple, de aquel género de publicaciones.
Hoy día el pesimista juicio brotado del contraste entre la producción española y la extranjera no tiene ya razón de ser. Hoy día el aficionado a los libros, escrupulosos, cuidados y tratados como una verdadera obra de arte no tiene porqué lamentarse de que sólo se encuentran en idiomas ajenos y avalados por ajenas firmas.
En un breve lapso de tiempo casas editoriales de abolengo bien cimentado y otras surgidas con serias posibilidades, han añadido títulos admirables y excelencias propias a los catálogos universales.
Y fuerza es reconocer que es Cataluña la que conserva también en esta renovación del arte editorial su puesto de primacía. Sin que falten en Madrid y en otras capitales editores de prestigio y de activa producción orientados hacia el concepto estético del libro moderno, es en Cataluña, en Barcelona, donde hallamos las grandes exponentes.
Algún día hemos de ampliar este comentario en un sentido de generalización. Ahora queremos concretarnos a un hecho inmediato y elocuente por todos: la selección de cuentos de cada texto irá vestido con un ropaje de ilustración que se acomodará a su carácter. El lector moderno que no tiene tiempo de leer los grandes libros, se deleitará con esta pequeña obra clásica, de lectura apetitosa y aun rodeada de la fascinación de las láminas que le introducirán, sin darse cuenta, en otra zona del espíritu. El lector que abrió el libro, acaso con desdén, se encontrará sobrecogido, no podrá menos de seguir el relato página tras página hasta la última. Al acabarla, como hechizado, su mente ya no será la de un hispano, por unos minutos todavía será persa, francés, ruso, chino o musulmán...»
Esa fascinación, ese hechizamiento se cumple por maravilloso influjo de una serie de elementos reunidos para la actual edición de Las mil y una noches. El texto—seleccionado certeramente en la frondosa complejidad de sugestiones que forma la Gran Obra—las láminas—tal vez las más ricas en fantasía, las más asombrosas de maestría técnica de cuantas viene produciendo Segrelles, — la perfección y suntuosidad de impresión, grabados y encuadernación.
¡Cúan lejos estamos no ya de los incipientes balbuceos, de las tímidas o rutinarias tentativas de otras ediciones españolas de obras de este género acometidas a fines del siglo XIX o en los primeros lustros del XX, sino de las publicaciones inglesas o alemanas que, ilustradas por dos grandes maestros —Dulac, Rackam—nos parecían insuperables antes de tener entre las manos la bellísima edición que acaba de publicar Salvat. .
Peligroso el empeño, audaz el propósito si se piensa como, precisamente, Las mil y una noches ha sido la obra que ha tentado mayor número de artistas y de editores y en cuya serie de ediciones de verdadera didascalia estética culmina la completa de la traducción francesa del doctor Mardrus.
Sin embargo, Salvat ha logrado destacar y recabar para sí uno de los más afirmativos hitos artísticos. Y en la suma de aciertos —¡oh, esa encuadernación que puede y debe ostentarse como muestra excepcional en una escuela de Artes Gráficas!—que le otorgan esa bien merecida categoría el sumando mayor es el de las láminas de José Segrelles.
Se sabe cómo la Casa Salvat es una de las que más y mejor han contribuido en España a elevar el nivel cultural y afianzar la categoría estética del libro. Sin necesidad de recurrir a otros ejemplarios recordemos dos admirables: su Historia del Arte e Historia del Mundo, ambas originales deJosé Pijoan. Es también José Pijoan —tan dueño siempre de sabiduría, tan preparado para estas lides intelectuales, tan sensible y sensitivo a la belleza— quien ahora firma el prefacio de laperfectísima edición de Las mil y una noches y promete una rica perspectiva de volúmenes donde la literatura y el alma de cada nación quede plasmada de manera elocuente.
«Se trata, pues, de confeccionar—explica el señor Pijoan —una sarta de perlas. Cada perla será un libro corto, de fácil lectura, pero henchido del gusto y del espíritu de una civilización. Al abrir las páginas de uno de los volúmenes de la Colección Perla, el lectura percibirá como un aroma exóticoque exhalan el texto y la ilustración a modo de un bálsamo extraño, perfumado por el gusto de todo un pueblo. Los volúmenes del mismo tamaño llevarán encuadernaciones distintas, serán tapas árabes, persas, francesas o españolas que avaloren el libro árabe, persa, francés o español,
»La Colección Perla será como una geografía del espíritu; «geo», tierra; geografía», representación Este hilo o colección de volúmenes será la « geografía» viva y sobre todo espiritual. Así como en el mapa de la Tierra cada país aparece con en color diferente, marcando las fronteras, cada uno de estos libros tendrá una atmósfera suya, especial, personalísima. Mientras en el mapa los colores son ficticios y arbitrarios, en los libros cada uno tendrá el matiz de una cultura. Serán retazos del gran libro del espíritu, capítulos dispersos de la obra de la humanidad.
La cualidad esencial de José Segrelles es la de, haber restituido al arte de la ilustración sus características realistas, sus valores expresivos de documento gráfico y de glosa estampada del motivo literario, pero dentro de un flexible y amplio concepto moderno.
Las ilustraciones de Segrelles no son pegadizos y banales apuntes hechos con la ágil gracia intrascendente de otros ilustradores. Es la identificación espiritual con el asunto, sugeridor o con la fantasía expresiva, del tema.
Y de este modo, valorando la creación personal, la «fascinación» de que habla Pijoan con la cultura bien distribuida y la euritmia compositiva, el arte de José Segrelles adquiere las más complicadas facetas.
Todo ello exaltado, enaltecido por la sensibilidad apasionada que trema y vibra en el engaste neto del estilo. Merced a ello puede pasar sin fatiga ni desdoro por las infinitas gamas de la inspiración.
El concepto de la ilustración se amplifica y engrandece. No es ya una consecuencia más o menos afortunada, un comentario plástico que ayuda a comprender a las imaginaciones subalternas. Adquiere la importancia de una recreación, de una colaboración en igualdad de aptitudes imaginativas y estéticas. Con la ventaja, además, del pluralismo emocional, de la más polifacética capacidad para opuestísimas asimilaciones de la fantasía ajena: desde el candor místico del Povesello y sus Florecicas, a la tortura cerebralista de Edgard Allan Poe; desde el realismo costumbrista de las novelas de Blasco Ibáñez a la exhuberancia ultraterrena de la Divina Comedia; desde los bosques sinfónicos de Beethoven a las diablerías burlescas y los caprichos irónicos; desde la recia y sobria castellanía de Don Quijote, a esta inmensa explosión de visiones fulgurantes, de hechos sobrenaturales que significan Las mil y una noches.
A José Segrelles puede situársele junto a Edmundo Dullac y Artur Raciman, hermanos mayores por edad pero no -por mérito en el arte de la ilustración por como es también un excelente visionario a quien le gusta frecuentar el mundo infinito de la fantasía grata a los poeta, los niños y sus hermanos los locos Como los dos grandes estampistas Ingleses, el gran estampista español busca en los libros el paraiso artificial de sus sueños prolíficos. Le son familiares los seres fantasmales que pueblan el mundo irreal de los poemas y de las alucinaciones, dialoga con los personajes del Olimpo literario y no se extravía por las selvas milenarias y los océanos ilimitados donde las almas incorpóreas se entrecruzan…
Sus dibujos reflejan esa enorme sed de idealismo, esa irrefrenable ambición de cosechar misterios que hace de José Segrelles un transeúnte desligado y desinteresado de los espectáculos cotidianos y los episodios corrientes. No le importa lo que junto a él sucede; le obsesiona lo que más allá de lavida se cumple. Desdeña las palabras, los rostros, los actos de sus contemporáneos. Solicita, en cambio, las voces, las facies, los ecos brotados de páginas inmortales o despierta los rumores, las formas febriles adormecidas en el fondo insondable de las pesadillas.
Así, las estampas de Segrelles, son una fiesta para los ojos, una revelación plástica de las sugestiones a medio concretar por la lectura de los libros en qué se inspiran. Armonías tonales delicadísimas, composiciones de una palpitante veracidad realista al servicio de lo arrebatadamente quimérico; suma de detalles insospechados e inesperados que demuestran la más ayuda y sensitiva capacidad ideológica. La misma ternura lírica, genial vesania, igual escalofrió de espanto o de arrobo que el artista sintió al concebir su obra, transmite luego ella íntegramente por la maestría técnica del color y la línea expresados con singular dedicación de todas sus facultades visuales, sensoriales y sentimentales.
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