martes, 12 de abril de 2011

SEGRELLES EN LA BIBLIOTECA NACIONAL





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El gran José Segrelles hizo en 1930 un cartel perdurable para Jabones Barangé.

EL ARTE DE LA BELLEZA,

en la Biblioteca Nacional (Madrid) hasta el 5 de junio DE 2011.

Periódico Levante EMV -Mara Calabuig 110324


No sólo de muestras eruditas se nutre la Biblioteca Nacional. La de ahora, con obras pertenecientes a sus propios fondos, hace acopio de unas doscientas piezas (revistas y libros, grabados, dibujos, fotografías, envoltorios, carteles, incluso discos y partituras) que reflejan la evolución de usos y costumbres desde fines del siglo XVIII hasta tiempos recientes. Sería un error suponer que la frivolidad se ha abierto paso en las estancias solemnes de la Biblioteca Nacional. No poco arte hay en este cúmulo de objetos que sobrepasaron su primera intención efímera y han sobrevivido al paso de los años. Por sí solos nos dan las claves de distintas épocas, generando además el placer de la contemplación estética. He disfrutado allí de un delicioso paseo, iniciado ante una vista de la fábrica francesa de perfumería Legrand, publicada en la revista La ilustración española y americana, en 1875, hasta llegar, por ejemplo, a un disco del Dúo Dinámico, A tus cabellos, grabado exactamente un siglo después en alabanza a la marca Fixpray. Entre una cosa y otra abundan los motivos de admiración. Porque ha habido, y hay, grandes ilustradores que han desplegado inspiración diseñando estos objetos que animan al cuidado personal. Nombres como Bartolozzi, Xavier Nogués, Freixas o Rafael de Penagos, crearon preciosas imágenes para marcas tan reconocidas como Gal, Parera, Calber, Floralia, Puig y algunas más, cuyos productos han asentado en la memoria imperecederos grafismos. Art nouveau, Modernismo o Nueva visión desfilan en etiquetas, cajas, tarjetas perfumadas, calendarios, abanicos, frascos, cromos y postales. La presencia de nuestros artistas es notable en este campo. Fernando Bosch, famoso en Francia, trabajó para Elizabeth Arden. El gran José Segrelles hizo en 1930 un cartel perdurable para Jabones Barangé. Sobre todo destaca un valenciano injustamente poco conocido, Eduardo Jener, uno de los más puros creadores del art décó, que desde muy joven y durante más de treinta años realizó para Myrurgia las imágenes de Maderas de Oriente, Maja, y muchas más, de bellísimos trazos. Más presencia valenciana la encontramos en las etiquetas de la mítica fábrica Robillard, establecida en la Malvarrosa, que en los primeros años del siglo XX comercializaba, entre otros, el perfume Mariola. También, los gruesos libros-catálogos de Ernesto Martínez Colomer, el fundador de Lanas Aragón, editados en 1970. Se comprueba que los productos destinados al hombre comenzaron a expandirse hace más de una centuria, con colonias para masaje, jabones de nombres exóticos y, ya en los años 20, los fijadores que mantenían el pelo engominado entonces de moda. Le livre des parfums, de Eugène Rimmel -un nombre afín a las pestañas femeninas- escribió en 1864 (del que poseo un ejemplar, reproducido de la edición inglesa de 1865) es otro testimonio significativo en El arte de la belleza, exposición que permanecerá en la Biblioteca Nacional hasta el 5 de junio, y que bien merece una visita si se viaja a Madrid.