miércoles, 14 de septiembre de 2011

UN ARTE VALENCIANO EN AMÉRICA









La personalidad del artista José Segrelles Albert (1885-1969) fue la más emblemática de la ilustración española de este siglo y la que más prestigio internacional alcanzó en el continente americano. La sugestión que ejercieron sus obras ha sido reconocida desde hace décadas por la crítica, galeristas y coleccionistas que vieron en ellas una lección de destreza técnica, un preciosista estilo barroco y una portentosa capacidad imaginativa. Su actividad artística, profusamente recogida en ilustraciones, dibujos y pinturas, es ampliamente conocida en el mundo entero. En los Estados Unidos todavía se guarda culto y admiración a la obra de uno de los dibujantes valencianos de mayor magisterio y proyección mundial, José Segrelles, quien durante una década de trabajo creador en Nueva York sobresalió por sus portentosas facultades plásticas. Y ello sin abandonar nunca su relación con Valencia, manteniéndola a lo largo del tiempo con largas estancias en su pueblo natal y en las exposiciones que aquí se prodigaban. Su estudio de Albaida, por otra parte, fue escuela y hogar para los jóvenes artistas, quienes podían trabajar libre y holgadamente, compartiendo la amistad paternal y los sabios consejos artísticos del maestro.

José Segrelles Albert nació el 18 de marzo de 1885, en Albaida (Valencia). Su vocación artística se le despertó muy tempranamente, a los ocho años, por lo que su padre lo envió a Valencia para recibir una educación "decorosa" en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. En sus horas libres frecuentó los estudios de Isidoro Garnelo y Joaquín Sorolla que se convirtieron en sus principales maestros. A los veinte años se trasladó a Barcelona, donde pasó un período de intenso aprendizaje en el taller de Antonio Cava, en la Escuela de la Lonja, al tiempo que en el estudio del fotógrafo Napoleón aprendió la técnica de colorear y retocar fotografías. En 1908 entró a trabajar como dibujante ilustrador en la editorial Molina, en la que rápidamente destacó entre sus compañeros por su dibujo riguroso y fértil imaginación. A partir de 1910 hizo sus primeras exposiciones individuales en la Ciudad Condal, en las que quedaban recogidas sus creaciones ilustrativas sobre El Quijote, Flor de Mayo, -La Catedral, Los muertos mandan, Historia de España, Las Florecillas de San Francisco, Vida de San José de Calasanz, Las Mil y una Noche... En 1928 celebró su primera exposición en el Círculo de Bellas Artes de Valencia, en la que presentó una serie de dibujos, acuarelas, gouaches y pinturas que suscitaron una gran expectación entre el público y la crítica por sus temas exóticos, su estilo barroco y su exacerbada fantasía. Al año siguiente el artista valenciano obtuvo la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Barcelona que ratificó el éxito conseguido anteriormente en sus exposiciones.

Su personalidad como dibujante alcanzó relieve internacional al ser contratado por diversas editoriales de Nueva York para realizar la ilustración de diversas revistas y publicaciones norteamericanas. Su nombre alcanzó una enorme popularidad por sus dibujos publicados en The Cosmopolitan, Reed Book, American Magazine, Liberty, Good House. Sus dibujos se impusieron rápidamente entre el público estadounidense por su rica fantasía, su preciosismo y su virtuosismo descriptivo que entonces no tuvo comparación con ningún otro artista. Una fértil y férvida imaginación que dio de sí, al menor estímulo externo, imágenes y escenas impresionantes por su originalidad y del todo inteligibles, aun dentro de su más exagerada fantasía se sirvió, en su obra, de una técnica sagacísima y llena de recursos. En 1931 celebró una gran exposición en el Internacional Art Center Roerich Museum de Nueva York que fue ampliamente glosada por la crítica neoyorkina. Su experiencia americana terminó bruscamente al abandonar Nueva York y establecerse definitivamente en el estudio que había montado en su pueblo natal. En Albaida constituyó su hogar, creó su taller museo, se casó y realizó una admirable labor dibujística y pictórica. Reanudó sus colaboraciones con empresas editoras y litográficas como Araluce, Salvat, Mir, Simón Dura y London News, ejecutando numerosas ilustraciones y carteles publicitarios. Conjuntamente celebró diversas exposiciones en Madrid, Valencia y alma de Mallorca, donde obtuvo importantes éxitos. Al finalizar la guerra civil española, fue nombrado profesor encargado de Cátedra de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos, al tiempo que se dedicó a la tarea de restaurar y pintar numerosas obras de temática religiosa para diversas poblaciones valencianas. En 1940 fue designado Académico de a Real Academia de Bellas Artes de San Carlos y al año siguiente falleció su joven esposa, lo que le postró en un estado de angustia desesperanzada y le afianzó más su vocación de solitario. Su producción artística de entonces se distinguió por la gran variedad de técnicas que utilizó, desde la aguada, la cera, gouache, pasando por el temple o el óleo, hasta as técnicas mixtas, realizadas sobre soporte de tela, papel o cartón. Simultaneó su labor de ilustrador con la realización de numerosas alegorías en títulos, diplomas y pergaminos y con la ejecución de grandes encargos al óleo para Alcoy, Onteniente, Bocairente, Albaida, Agullent, Algemesí, Gandía y Carcagente. En los años 1948, 1952, 1955 y 1956 celebró nuevas exposiciones en Barcelona, Madrid y Valencia. Y en 1951 fue nombrado Diputado Provincial y Presidente de la Comisión de Bellas Artes. En 1960 recibió el encargo de la editorial Espasa-Calpe para ilustrar diez temas sobre El Quijote y Araluce lo contrataría para ilustrar un libro sobre Jaime I.

Durante sus últimos años, José Segrelles Albert prosiguió trabajando sin descanso en su casa estudio Museo de Albaida. Dibujaba desde las cinco de la madrugada hasta las últimas horas del día en un esfuerzo titánico y agotador. Convirtió su estudio en una especie de cenobio de belleza sólo frecuentado por las personas y artistas jóvenes de su confianza, a los cuales enseñaba los secretos de su trabajo creador. El maestro era, en efecto, un ser enigmático para muchos, parapetado tras el misterio de su arte y, sobre todo, un romántico altamente personal que infundió este espíritu a sus obras. Infundió alma a las cosas inanimadas; mostró los objetos como si fueran seres humanos; las nubes como monstruos; llegó a dar visualidad a sensaciones de sonido y de color; creó un mundo enteramente fantasioso de sinfonías beethovenianas; visiones del infierno dantescas y mágicas transfiguraciones orientales. Tales fantasías barrocas, utópicas e inocentes quedaban salvadas de lo absurdo gracias a su talento artístico y creador. Alternando imágenes tiernas y líricas con obras teatrales y heroicas, pasando en un instante de la amarga sátira a la exageración humorística, Segrelles surgió en el panorama artístico valenciano como uno de los creadores más variados y sorprendentes.

La última imagen del dibujante y pintor valenciano la ofreció el periodista José Ombuena en uno de sus magistrales artículos. "Era como un oriental con vocación de morabito, de solitario, de ermitaño; ni ascético del todo ni del todo sensual, y un poco, ambas cosas. Albaida, su pueblo, le había hecho así, y no era muy aventurado imaginarle envuelto en una chilaba y contemplando durante horas y horas la mudable forma de las nubes o el frío resplandor de las estrellas sobre el valle", escribió Ombuena. En la ancianidad se podía ver a Segrelles en su estudio, junto a la ventana, frente al pupitre de trabajo o un caballete, escuchando la Novena Sinfonía de Beethoven, y con unos grumos de incienso puestos a quemar por los rincones. En esa misma casa, rodeado de obras de arte y de cuantos objetos y recuerdos le hablan ayudado en su larga y fructífera carrera, moría el gran maestro valenciano el día 3 de marzo de 1969. Su aportación a la plástica valenciana de este siglo constituyó no sólo un ejemplo de magnífico quehacer y coherencia artística, sino una admirable labor de difusión artística, pues llevó su arte más allá del océano, haciéndolo cosmopolita y universal.


Fragmento del libro UN ARTE VALENCIANO EN AMERICA (Exiliados y Emigrados) de FRANCISCO AGRAMUNT LACRUZ editado por El Consell Valencià de Cultura de la GeneralitatValenciana. © del Autor. D. Francisco Agramunt Lacruz (Valencia 1948) es Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, Graduado en Periodismo por la Escuela Oficial de Periodistas y Académico de la Real Academia de Ciencias Nobles Letras y Bellas Artes de Córdoba.