domingo, 13 de noviembre de 2011

RELECTURAS EN TORNO A LA CARTELÍSTICA DE JOSÉ SEGRELLES (1/2)



1. El presente artículo formó parte de un catálogo dedicado a la cartelística y a los bocetos de J. Segrelles, sin duda una de las facetas artísticas más interesantes de este autor. El Museo Segrelles de Albaida organizó la muestra, -comisariada por J.J. Soler Navarro), en el Museu de la Ciutat, en colaboración con los ayuntamientos de Valencia y Albaida. Este texto fue redactado por el autor, en directa coordinación con la investigadora Mª José Aliaga, becaria que se especializaba entonces en diseño gráfico y principalmente en el ámbito del cartel. De nuevo, sirvan estas palabras de reconocimiento y gratitud por el trabajo y la autoría conjuntos.

"Este es mi gusto: no un buen gusto, no un mal gusto, sino mi gusto, del cual yo no me avergüenzo ni lo oculto".
F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

I

Posiblemente sea la faceta de José Segrelles (Albaida, 1885-1969) como ilustrador la que mayor eco ha merecido siempre entre los especialistas. Sin embargo, su actividad como cartelista es -hoy- ciertamente muy poco conocida, por lo común.

En tal sentido, recuperar históricamente esta vertiente de la dedicación de Segrelles -bastante acotada, de hecho, en su cronología- no carece, en determinada medida, de interés, sobre todo si, además, se deriva de ello una cierta reflexión acerca de sus particulares rasgos y características.

Generalmente limitándonos al contexto de la plástica valenciana la adscripción a la cartelística se ha ido produciendo o bien desde la ilustración gráfica o bien desde el más estricto quehacer pictórico. Sólo en muy concretas opciones, la vinculación a este medio de comunicación visual ha ido acompañada de un auténtico cuestionamiento e indagación de sus exigencias y condiciones como tal medio de conformación y reproducción artísticas, directamente relacionado con los mass media.

La conocida -y ya histórica- polémica entre Ramón Gaya y Josep Renau, a tal respecto, puede ser ampliamente paradigmática de cuanto intentamos ahora, escuetamente, recordar. Asi, pues, teniendo en cuenta ese doble modo de acceso, más o menos habitual, al ejercicio cartelístico -desde la ilustración y/o desde la práctica inmediata de la pintura- conviene subrayar, ya en una primera aproximación, cómo la aportación de José Segrelles al ámbito del cartel puede, en cierto modo, articularse de acuerdo con esa doble opción indicada. Es decir que, por una parte en sus carteles no falta, según los casos, la amplia influencia de su faceta como ilustrador, a la vez que, por otro lado, algunas de sus opciones cartelísticas, bien pueden entenderse asimismo como una especie de virtual extrapolación pictórica a dicho medio. Lo gráfico y lo pictórico se reparten, de este modo, el predominio o, incluso, cohabitan Boceto para automóviles Ford, 1930 -como categorías descriptivas del hacer plástico- especialmente en el marco de su cartelística. De tal disyunción o intersección depende, en consecuencia, buena parte del correspondiente impacto visual de la obra en cuanto cartel, toda vez que no es lo mismo realizar un proyecto a priori concebido "como cartel" que dotar con las formalidades de cartel una propuesta directamente concebida "como pintura". Tales observaciones, por supuesto, son principios generales que aquí se formulan -creemos que oportunamente- para mejor enmarcar el tema que nos ocupa, en la practica cartelistica de José Segrelles.

    En tal sentido -al margen, de momento, de cuestiones estilísticas- podrían ejemplarmente contraponerse, para ratificar los planteamientos expuestos, el boceto original titulado "Ordeñando un olivo" y el cartel realizado para la C.E.T. "Visitad San Sebastián" (1926); el cartel del "V Centenario de S. Vicente Ferrer" (1955) y el boceto de "Anuncio de Ford" (1930); el cartel "Besuchen sie Valencia" (1926) y el de la "XXVIII Vuelta Ciclista a Cataluña" (1948). Con ello podrá claramente cotejarse el juego de principios alternativos que deseamos diferenciar dentro de la cartelística de Segrelles, partiendo incluso de la coyuntura misma de su concepción.

En realidad diríase que José Segrelles proyecta en el diseño / ejecución de sus carteles las pautas constructivas que, por lo general, presiden su experiencia artística, primando en unas circunstancias la tensión gráfica de sus ilustraciones y, en otras propuestas, acentuando el carácter estrictamente pictórico de éstas.

Incluso, en ciertos casos, hasta las formalidades y requisitos autorreferentes del cartel parecen minimizarse a ultranza, para convertir determinadas ilustraciones, de radical valor autónomo -como tales- en carteles. Véase así por ejemplo, el cartel de la "Sociedad Protectora de Animales" o el boceto para "Ajuntament de Barcelona", ejecutados ambos con un aura modernista, cuyas imágenes podrían ser asimismo perfectamente adoptadas como portadas o pasar a ilustrar ensoñadoras narraciones.

En otros casos se da una cierta cohabitación de lo gráfico y lo pictórico en una misma propuesta. Tal es el caso del cartel "Lincoln", donde el estudio gráfico del diseño del automóvil se destaca fuertemente sobre el tratamiento pictórico de un paisaje que lanza determinados guiños hacia la factura y juegos cromáticos propios de Muñoz Degrain.


Por supuesto, no faltan tampoco carteles cuyo específico diseño refuerza precisamente su plena caracterización, como tales. Ese es el caso de "Noces d'Argent de F. C. Barcelona" (1924), "F. C. Barcelona", "Lotería de Nadal" (1933), o "Real Aero Club de Cataluña" (1920), por citar tan sólo algunos de los más significativos, desde esa concreta perspectiva comentada.

Por otra parte, ese enlace transicional entre lo gráfico y lo pictórico queda, en José Segrelles facilitado precisamente por su sistemático recurso -en los bocetos- a la técnica de la acuarela o del gouache, con excepción de algunas técnicas mixtas y de un par de óleos sobre cartón. Aunque, curiosamente, su habilidad le lleva a que, por cierto, los dos bocetos realizados al óleo, para el "Gran Trofeo del Moto Club de Cataluña" (1930), tengan unas características de alta dinamicidad en su diseño ilustrativo.

Desde un punto de vista estilístico, existe en la cartelística de Segrelles una fuerte heterogeneidad, a menudo vinculada a las series temáticas desarrolladas. Así entre los carteles realizados para la Compañía Española de Turismo, por ejemplo, el conjunto destinado a promocionar distintas ciudades -con su hincapié en el tipismo y en la arquitectura monumental- se diferencia claramente de aquellos otros bocetos dedicados a fomentar la opción turística en si misma, repletos ya de resonancias siderales, donde el propio anagrama de la C.E.T. se transforma en esfera planetaria y la bandera española zigzaguea convertida en surco de estelas, sobre el obligado fondo azul del universo.

Sin duda, los concebidos para el área deportiva -fútbol, ciclismo, aviación- desarrollan rasgos específicos, en su apelación a la dinamicidad, que afectan directamente a su composición. Posiblemente quepa catalogarlos entre los más logrados. Sin embargo en aquellos estudios vinculados al ámbito de la promoción de productos -"Ford", "Lincoln", "Jabones Barange", "Conservas Albo", "Vermouth Cinzano", "Citrozumos" o "Catalana de Gas"- se da estilísticamente una fuerte diversidad en su concepción. También entre ellos pueden hallarse ejemplos no carentes de interés.

Además, entre los carteles de carácter institucional -bien sea relacionados con entidades, con campañas oficiales o determinadas celebraciones- es donde la dispersión estilística quizás sea mayor. Confróntese así los, ya citados, de la C.E.T., los bocetos para la campaña contra el alcoholismo o el primer cartel históricamente dedicado a las "Fiestas de Fallas" (1929).

Sin duda oscilan los planteamientos estéticos de José Segrelles, para su cartelística, tanto en los dibujos de preparación, como en los bocetos -y por lo tanto también en los carteles resultantes- entre una determinada simplicidad y un cierto barroquismo de concepción y ejecución. Cotéjense desde esta óptica: "Automóviles Ford", "XXVIII Vuelta Ciclista a Cataluña", "Cartel de Fallas", "Exposición Misional" (1929).

Por último, la información vehiculada desde los carteles también queda sometida a una amplia gama cualitativa de opciones: desde la escueta descripción -estrictamente denotativa-, puede pasarse a una fuerte incidencia narrativa o a un intenso alarde de fantasía. Diríase, pues, que complementariamente al lenguaje retórico, adscribible a las habituales funciones de la cartelística, José Segrelles no duda tampoco en incorporar determinadas estrategias narrativas, simbólicas o fantásticas -propias, por otro lado, de sus planteamientos artísticos-, estableciendo así una cierta asimilabilidad de procedimientos entre los distintos sectores a los que dedica su labor plástica.

Es, por tanto, la versatilidad de los medios de expresión lo que se pone a prueba, a partir de la generalización de determinadas técnicas, siendo, ante todo, la concepción ilustrativa de Segrelles la que despunta, claramente vinculada, de hecho, a su particular experiencia y dedicación.