lunes, 9 de abril de 2012

LA INSPIRACIÓN VALENCIANA DE MINGOTE.

Escritor y acádemico, estaba considerado el referente del humor gráfico en España Ha sido durante casi seis décadas el rey del humor gráfico en España, y uno de los autores fundamentales a la hora de dignificar un género de opinión muchas veces infravalorado. Antonio Mingote, dibujante habitual del diario Abc, nombrado marqués de Daroca por el rey en 2011, fallecía el pasado martes tres de abril, a los 93 años de edad, en el hospital Gregorio Marañón de Madrid. Estaba ingresado allí desde hace unos días.

Por:
ROSANA B. CRESPO / GANDÍA
Para: ABC Comunidad Valenciana. Día 08/04/2012

Antonio Mingote dejó su huella en la localidad valenciana de Gandía, donde apenas pasó una semana en 1959 pero dejó muestras visibles de una maestría que ABC recupera hoy para sus lectores con unas imágenes inéditas del genio, fallecido el pasado martes en Madrid.

El paso de Mingote por tierras valencianas quedó plasmado en unas fotografías hasta ahora nunca publicadas que permanecían guardadas como un recuerdo especial desde hace 53 años.

Transcurría octubre de 1959 y, a causa de unos motivos personales, el dibujante, que contaba 40 años de edad en ese momento, tuvo que visitar la localidad valenciana durante una estancia que se prolongó aproximadamente doce días. Aunque todavía no era lo reconocido que sería más adelante por su trabajo, resultaba imposible que su periplo gandiense pasara desapercibido.

Allí conoció al escritor valenciano y finalista del Premio Azorín José Miguel Borja, que por aquel entonces acababa de abrir una óptica enfrente de la casa en la que residía temporalmente Mingote —de quien seguía su trabajo según narra a este periódico— y con el que surgió una amistad especial. «Nos presentó un familiar suyo con el que yo tenía relación y rápidamente congeniamos. Se trataba de un hombre muy extrovertido, muy simpático», recuerda Borja.

Pasar varios días al lado de un personaje de la talla humana y profesional de Mingote no podía ser algo corriente. Era un gran amante de la fotografía, así que, como relata Borja, se le ocurrió coger una modelo antigua de cartón a tamaño real de la compañía Kodak, subir a una terraza y comenzar a hacer fotos en situaciones divertidas, con dibujos suyos en la pared incluidos.

«Él era mucho más inquieto que yo y durante el tiempo que estuvo aquí siempre quería hacer alguna actividad diferente», explica Borja.

Pero los trazos de Mingote llegaron a varios rincones más. Según cuenta el escritor valenciano, pintó en muchos sitios de su casa, incluso en el taller de la óptica, de donde todavía conservan los azulejos en una caja que guardaron cuando se realizó la reforma hace unos veinte años. «Dejó su huella por todas partes: en paredes, en una botella, en una lámina de dibujo… dibujar siempre le salía de forma natural», comenta Borja.

Visita a Segrelles.
Aquí es donde nacería otra de las relaciones que el dibujante dejaría en la localidad. El escultor y pintor valenciano Nassio Bayarri se encargaba de realizar en aquellos tiempos toda la fachada de la óptica de José Miguel Borja. En uno de sus viajes durante la obra, también conoció a Mingote, a quien estuvo enseñando sus bocetos. Éste no sería el único encuentro que le marcó. Uno de los días fueron a visitar a Albaida al reconocido pintor e ilustrador José Segrelles, quien adquirió una gran fama a nivel nacional e internacional por su técnica de la acuarela, y a quien Mingote ilusionó conocer porque se encontraba en plena creación.

Por supuesto, no faltó una visita guiada por los rincones de Gandía, de donde el maestro se llevó una muy buena imagen, aunque, como destaca Borja, Mingote era sobre todo «un hombre de conversar». «La gente que le conoció —recuerda— coincide en que se trataba de una persona muy entrañable, de trato fácil, se hacía enseguida con todo el mundo». Pese a que el escritor valenciano no continuó manteniendo la relación, la «espléndida» semana que pasaron juntos fue como «un paréntesis» que siempre recordará.